La magia, la primera de las ciencias, la primera de las religiones. Fue en los tiempos de la oscuridad, cuando el hombre temía a las alimañas de la noche y a las enfermedades. Los rituales vencían los miedos y producían en el grupo una sensación de seguridad que les hacía sentirse fuertes e invencibles.
La magia era la cultura de nuestros ancestros. En las prácticas mágicas se reflejaba el sentir de la comunidad, sus anhelos y sus necesidades más vitales. El hombre vivía entonces en permanente contacto con la naturaleza y buscaba en sus fuerzas y sus leyes la respuesta a sus interrogantes.
Bajo esas leyes el hombre inició el camino que le conduciría a la civilización. Viendo lo que ocurría en su entorno fue aplicando las leyes de la naturaleza a su propia existencia y su continua búsqueda de la perfección hizo que creara a partir de ellas una organización de su entorno social.
Esas primeras leyes nunca fueron moralizantes, tan solo buscaban una correcta organización social, dejando absoluta libertad de culto y de pensamiento.
La obra maestra que llegó a ser el derecho romano, resultó aniquilada por las moralizantes y radicales corrientes religiosas que procedían del mundo judío, como el cristianismo.
Mucho antes pueblos de gran importancia histórica nunca impusieron un culto determinado ni un comportamiento moral concreto, al contrario siempre estaban dispuestos a conocer todo aquello que sucedía más allá de sus fronteras. Pero la sombra de la religión judía, la del “pueblo elegido” guiado por un dios celoso y dispuesto a exterminar a todos aquellos pueblos que no le rindieran culto. Eran los idólatras aquellos que en libertad elegían su opción espiritual, y el castigo que les reservaba Yahveh eran la muerte en la tierra y los infiernos en la otra vida.
Es curioso apreciar como los pueblos de Asia Menor o el llamado Creciente Fértil, nunca entablaron guerras religiosas, todas eran políticas y económicas. Los cultos religiosos se enriquecían con el contacto con otros cultos diferentes.
Con la llegada de las religiones de origen judío, musulmana y cristiana, cuando se inician las terribles guerras de religión. Los dioses del amor, del vino, de la fertilidad, del sol o la luna, caen aplastados por las fanáticas hordas del nuevo dios omnipotente. Se podía matar, torturar, violar: un infiel no era un ser humano, tan solo un animal a exterminar.
Llegó entonces la oscuridad del conocimiento, tan solo iluminado por las hogueras en las que se quemaban las almas librepensadoras. La genialidad del hombre solo podía expresarse si se ponía al servicio de ese terrible dios. La pintura, la escultura, la música, solo podían tener como objetivo el alabarle.
La magia que dio valor, seguridad y una mayor libertad al hombre, fue sustituida por el terror y la tiranía de la religión monoteísta musulmana-cristiana.
Pero es imposible mantener esclavizada la naturaleza humana. Su deseo de conocimiento y libertad va venciendo las viejas ataduras y retornando a las aguas puras de la vieja sabiduría que forma parte de la naturaleza de nuestro mundo.

💬 Comentarios del Fediverso
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