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"Lo imaginario" en la política

Hablemos de Ciencias Políticas

Hablemos de “Lo imaginario” en la política, o más precisamente, un imaginario, ¿qué es esa vaina? es un conjunto real y complejo de imágenes mentales, independientes de los criterios científicos de verdad y producidas en una sociedad a partir de herencias, creaciones y transferencias relativamente conscientes, conjunto que funciona de diversas maneras en una época determinada y que se transforma en una multiplicidad de ritmos.

Conjunto de imágenes mentales que se sirve de producciones estéticas, literarias y morales, pero también políticas, científicas y otras, como de diferentes formas de memoria colectiva y de prácticas sociales para sobrevivir y ser transmitido como conjuntos de imágenes mentales, los imaginarios funcionan en las estructuras sociales globales de diversas maneras… sus funcionamientos son una garantía de supervivencia.

No cumplen siempre los mismos roles, pueden justificar las sociedades, ponerlas en cuestión, darles toques de armonía o de conflicto, proponerles innumerables formas de vida. Los imaginarios funcionan durante un cierto tiempo, sus funciones pueden renacer aquí y allá, no tienen una lógica necesaria y absoluta, no tienen leyes fijas e invariables. Existen en una época determinada y se transforman…

Se sirven de mitos y leyendas, de lugares, de memoria, de técnicas de cuerpos, de gestos, así como de toda clase de fenómenos sociales para sobrevivir, para permanecer y perpetuarse.

Lo imaginario como conjunto de imágenes visuales o iconográficas, debe llamarse “imaginería”.

Como discurso pragmático ligado a una institución, un partido político o un grupo religioso, debe ser llamado “ideología”.

Como una manera de reaccionar en el mundo y en una sociedad dada, debe ser designado por el término “mentalidad”.

Como conjunto de objetos y prácticas metafóricas y alegóricas debe llamarse “simbólica”.

Como recuerdo de cosas pasadas, cuentos y narraciones, normalmente orales, debe llamarse “memoria colectiva”.

Colombia (y las demás naciones latinoamericanas), necesita un relato que se haga cargo de la memoria común, aquella desde la que será posible construir un imaginario de futuro que movilice todas las energías de construcción de este país, hoy dedicadas en un tanto por ciento gigantesco a destruirlo… Pensar nuestra cultura política implica arrancar de ahí, de esa violencia originaria en que se funda la recortada representación del país que cabía en sus primeras figuras de nación independiente.

Cuando se piensa en “la política”, usualmente se hace una asociación con “la politiquería”, práctica que se desenvuelve en medio de maquinaciones individualistas, sin contenidos axiológicos, ni ideales, y que en gran parte es responsable del desprecio y distanciamiento hacia la política.

Las definiciones clásicas sobre la política apuntan a definirla como el “ejercicio del poder”. Para Platón, la política es un arte, una ciencia y hay que estudiarla ya que en política no se improvisa; la política se subordina al ámbito ético como una vía efectiva para ejercer, no sólo una moral social sino también, una moral individual. Aristóteles analizó las ciudades (polis) griegas en su obra “La política”, considerando al hombre como un animal político que se socializa, así, la política sería una actividad inherente a la naturaleza humana y la ciencia de la organización y conducción de la polis.

La política puede ser comprendida o bien como una actividad que tiende al acuerdo y al consenso, o bien como una práctica que resalta los aspectos más conflictivos de la vida en sociedad.

La política sería vista entonces como un juego o dialéctica amigo-enemigo que tiene en la guerra su máxima expresión. Una lucha o combate de individuos y grupos para conquistar el poder que los vencedores usarían en su provecho (objetivo muy bien cumplido y aplicado por las actuales esferas políticas gobernantes a nivel mundial).

La política puede ser considerada igualmente como el poder de trasladar, la ciencia de organizar y el arte de prever. En este sentido la política adquiere la doble dimensión de la conducción de seres humanos y la administración de las cosas. También puede considerarse como el arte de lo posible y el esfuerzo por hacer posible lo deseable.

Con lo anterior, es de aclarar que “la política” y “lo político” no es lo mismo. Desde los griegos se ha distinguido entre “la política” y “lo político”, para designar con lo primero, la actividad humana mediante la cual se organiza, dirige, jerarquiza y gobierna, y con lo segundo lo relativo a la organización, la dirección y el gobierno en términos estáticos.

“Lo político” es pues lo permanente, perteneciente a la esfera de la naturaleza humana.

“La política” sería lo perecedero, la actividad del hombre para organizar lo político, pertenece al dominio del hacer.

Volviendo al tema principal, la idea de construir un “Imaginario” en la sociedad, sería con la idea de influir en el campo de LO POLÍTICO, y no en “la política”.

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